El gobierno de Anura Kumara Dissanayake en Sri Lanka impulsa cerca de 100 millones de dólares en seis proyectos para cultivar cannabis con fines médicos y producir aceite destinado a EE UU y Europa, en zonas seguras y bajo el paraguas de un plan de atracción de inversión extranjera.
El viraje pro‑mercado del nuevo Ejecutivo, que sorprendió a parte del electorado por mantener compromisos del rescate del FMI, incluye incentivos fiscales transparentes para inversiones superiores a 50 millones de dólares y reformas en sectores clave como la energía.
En ese marco, la Junta de Inversiones confirmó en septiembre que se prevé iniciar cultivos de cannabis para obtener aceite medicinal en recintos con altas medidas de seguridad y, en una primera fase, mediante pilotos en contenedores. La meta es duplicar la inversión extranjera directa el próximo año y diversificar las exportaciones con productos de valor agregado.
La apuesta en el cannabis aparece -junto con otras medidas- tras el colapso económico de 2022, que derivó en impagos, racionamiento y protestas masivas. En el plano normativo, Sri Lanka mantiene el uso recreativo del cannabis como ilegal, pero permite su utilización medicinal dentro del sistema ayurvédico bajo licencias estatales.
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