«El animal puede desarrollar síntomas que posiblemente pongan en peligro su vida», advierte la veterinaria alemana Moira Gerlach. La experta de la Asociación Veterinaria para la Protección de los Animales (TVT) remarca que las mascotas deben estar fuera del alcance del humo del cannabis.
En caso de que el gato o el perro haya accidentalmente tenido contacto directo con la sustancia o hubiese ingerido algo de ella se debe hacer cuanto antes una consulta con un especialista. Si la ingestión se produjo menos de dos horas antes, el veterinario o la veterinaria puede provocar que el animal vomite. De este modo, la sustancia nociva es expulsada directamente del organismo.
Pero también es mejor llevar al animal a la veterinaria aunque la ingestión haya tenido lugar en un espacio de tiempo mayor. Gerlach remarca que es muy importante «informar con veracidad lo que ha ingerido la mascota».
A veces, la ingestión misma de cannabis puede ocurrir de manera desapercibida, pero hay maneras de reconocer una posible intoxicación. La mascota puede presentar síntomas neurológicos, como pupilas dilatadas, tambaleo, temblores, convulsiones o síntomas gastrointestinales, que se manifiestan en una mayor salivación y vómitos.
La veterinaria señala que la gravedad de los síntomas puede variar según el animal y la cantidad ingerida. Asimismo, es posible que el animal manifieste más inquietud, apatía, maullidos más frecuentes, un comportamiento más agresivo e incluso morder en caso de convulsiones.
Fuente: DPA
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