Conformar y preservar redes de colaboración entre comunidades campesinas que intercambien semillas de maíz, frijol, calabaza y otros cultivos es fundamental para garantizar la sostenibilidad frente a fenómenos como el cambio climático y la actividad en el campo, coincidieron investigadoras de la UNAM durante el Coloquio de Agroecología, Cambio Climático y Educación Ambiental.
En la segunda sesión de esta actividad académica, Karol Hernández Rodríguez, del Programa Universitario de Bioética, comentó que durante su labor con grupos indígenas en Chiapas encontró que los granos encarnan significados y valores culturales, materiales, espirituales y políticos de gran importancia para los pobladores.
La coordinadora del área de Bioética Ambiental de dicha instancia universitaria detalló que esto se debe a que son parte de mitos fundacionales, alimento de subsistencia, dan continuidad histórica y mediante las redes de colaboración su uso establece compromisos morales intergeneracionales, además de ser un elemento político de los procesos de construir vidas dignas y autónomas.
Mencionó que actualmente las poblaciones perciben riesgos en su forma de trabajo debido a los organismos genéticamente modificados, derechos de propiedad intelectual, poder corporativo o cambio climático, por lo que tratan de fortalecer sus redes de trabajo para preservar su autonomía.
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