Mientras los sistemas de salud siguen discutiendo protocolos, regulaciones y evidencia clínica, el consumidor ya ha tomado una decisión que está reconfigurando silenciosamente el negocio farmacéutico: sustituir medicamentos tradicionales por cannabidiol (CBD).
Un estudio reciente financiado por el propio gobierno de Estados Unidos confirma lo que la industria ya intuía: millones de personas están utilizando CBD como alternativa a analgésicos y otros fármacos. No se trata de una tendencia marginal. Aproximadamente un tercio de los usuarios de CBD lo emplean como sustituto o complemento de medicamentos, particularmente para el manejo del dolor, la ansiedad y otros padecimientos cotidianos.
Desde la óptica de mercado, esto no es menor. Es, en términos simples, una disrupción en curso.
El crecimiento del CBD no ha sido impulsado por grandes farmacéuticas ni por lineamientos médicos estructurados, sino por la demanda directa del consumidor. En otras palabras, estamos viendo uno de los fenómenos más interesantes de los últimos años: la innovación terapéutica impulsada desde abajo, no desde arriba.
Fuente: Forbes
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