La Cannabis sativa, conocida popularmente como marihuana, es la sustancia psicoactiva ilícita más consumida en el mundo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 147 millones de personas, lo que representa cerca del 2,5 % de la población global, utilizan regularmente esta planta en alguna de sus formas.
Aunque el uso recreativo del cannabis continúa siendo ilegal en muchos países, su consumo —especialmente entre los jóvenes— ha aumentado de forma significativa en las últimas décadas.
La planta del cannabis contiene más de 500 compuestos químicos, siendo los cannabinoides los principales responsables de sus efectos en el organismo humano. El más conocido y estudiado es el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), responsable de los efectos psicoactivos característicos de la marihuana. Otro componente importante es el cannabidiol (CBD), que no produce intoxicación y ha sido objeto de investigación por sus posibles propiedades terapéuticas, como efectos ansiolíticos, anticonvulsivos y antiinflamatorios.
El cannabis puede ser consumido de diversas formas: por inhalación (fumado, vaporizado, dab), por ingestión oral (alimentos o aceites), uso sublingual, tópico o incluso rectal (supositorios). La vía de administración influye directamente en el inicio, la intensidad y la duración de los efectos de la sustancia. Por ejemplo, el uso inhalado produce un efecto casi inmediato, mientras que la administración oral tiene un inicio más lento pero efectos más prolongados.
En las últimas décadas, se ha observado un aumento significativo en la potencia de los productos derivados del cannabis, especialmente con el surgimiento de extractos con altas concentraciones de THC. Este fenómeno ha contribuido a una mayor incidencia de intoxicaciones, aparición de trastornos psiquiátricos inducidos por el cannabis y síntomas graves en niños que ingieren accidentalmente productos con altos niveles de THC.
Paralelamente, ha crecido el interés médico y científico por los posibles usos terapéuticos del cannabis y sus derivados. En varios países, incluidos algunos estados de los Estados Unidos, se han utilizado productos con cannabinoides en el tratamiento de dolor crónico, espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, náuseas inducidas por quimioterapia y formas raras de epilepsia infantil. Sin embargo, el uso medicinal del cannabis sigue siendo motivo de controversias y carece de evidencia científica robusta en muchas de sus indicaciones actuales.
Fuente: www.mdsaude.com
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