El cannabis acompañó a la humanidad desde sus primeras civilizaciones: fue fibra textil, medicina, ceremonias religiosas y herramienta recreativa.
Su criminalización, en cambio, es un fenómeno reciente, ligado a intereses económicos, disciplinamiento social y geopolítico.
Los registros más antiguos del cannabis, que se remontan a miles de años antes de nuestra era, lo sitúan en la antigua China y Oriente [1]. Su versatilidad marcó su expansión: con el cáñamo se fabricaban telas, cuerdas y papel; sus resinas y flores se utilizaban en rituales y como medicina para aliviar dolores. Durante siglos, la planta convivió sin mayores conflictos con autoridades políticas o religiosas. Su cultivo se expandió por Asia, Medio Oriente y llegó a Europa, integrándose a la economía y la farmacopea popular.
El uso recreativo o psicoactivo de la planta, asociado a poblaciones indígenas, afrodescendientes, originarias y esclavizadas, ya existía en América Latina cuando llegó la colonización. Los españoles trajeron el cáñamo para sostener su imperio marítimo: velas y cuerdas para sus barcos, y los virreinatos españoles lo cultivaron por sus fibras. Pero esta práctica pronto encendió la alarma de las élites [2]. Nada de esto fue considerado un “problema social” hasta entrado el siglo XX, pero ellas ya veían en estas prácticas una amenaza a su control moral y social.
En CDMX existe un local donde puedes encontrar cafés, malteadas, frappés y mucho más elaborados…
Como en todos los países donde avanza la legalización del cannabis medicinal, el trasfondo de…
La marihuana continúa como la droga ilícita más consumida en México, de acuerdo con la…
En la localidad de Lisandro Olmos, ubicada en el partido de La Plata, se produjo…
En California más educación implica más uso de cannabis y menos tabaco. Así lo sostiene…
Comprar la flor de cannabis en una farmacia podría ser en Colombia tan asequible como…