El riesgo de sufrir un ictus en personas menores de 55 años puede aumentar hasta un 174 % por el consumo de anfetaminas, mientras que sustancias como la cocaína y el cannabis también están relacionadas con accidentes cerebrovasculares, incluso cuando su consumo es esporádico.
Así lo señala un estudio reciente de la Universidad de Cambridge, publicado en la revista científica International Journal of Stroke, que analiza la relación entre el consumo de drogas ilegales y el desarrollo de enfermedades cerebrovasculares.
Un ictus, también conocido como accidente cerebrovascular (ACV), ocurre cuando el flujo de sangre hacia una parte del cerebro se interrumpe por la obstrucción de una arteria o cuando un vaso sanguíneo se rompe. Esta situación impide que las células cerebrales reciban el oxígeno necesario y puede provocar daños permanentes, discapacidad o incluso la muerte si no se atiende rápidamente.
Fuente: El Imparcial