Michael Ward y sus inversores destinaron US$ 20 millones a la construcción de Harbor Farmz, una planta de cultivo de cannabis de 3.052 metros cuadrados ubicada en Michigan, Estados Unidos.
La instalación comenzó a operar en 2020, cuando un kilo de marihuana costaba alrededor de US$ 5.500. Ward sabía que los precios bajarían a medida que el mercado creciera y se consolidara, pero nunca imaginó que caerían hasta los US$ 700 actuales.
A esta situación se sumó un nuevo impuesto mayorista del 24% que Michigan implementó este año, además de los tributos ya existentes.
«Digámoslo así: alcanzar el punto de equilibrio es el nuevo éxito», afirmó Ward. Según sus cálculos, los impuestos absorben alrededor del 75% de los ingresos de su empresa , por lo que apenas obtiene ganancias la mayoría de los meses. La facturación, que antes alcanzaba los US$ 6,5 millones, cayó y se proyecta que cierre este año en unos US$ 3 millones. Ante este escenario, Ward renunció a dos de sus tres licencias de cultivo y redujo la producción de un máximo de 7.500 plantas a unas 2.000.
Frente a este panorama, Ward comenzó a buscar un comprador en uno de los sectores que más inversión atrae actualmente: la inteligencia artificial. Su planta de cultivo de cannabis reúne varias de las características que buscan las empresas que desarrollan centros de datos para esta tecnología.
Fuente: Forbes