El National Police Chiefs’ Council (NPCC) aprobó la primera guía oficial para que agentes de Inglaterra y Gales gestionen controles y procedimientos cuando una persona porta cannabis medicinal recetado. El texto busca reducir choques entre policía y pacientes, en un país donde el acceso terapéutico es legal desde 2018, pero la calle sigue operando con la lógica de la sospecha.
La guía Medicinal Cannabis and the Police instala un principio que suena obvio, pero no lo era en la práctica: “pacientes primero, hasta que se demuestre lo contrario”. Según el propio documento, su objetivo es ofrecer indicaciones comunes y “de sentido práctico” para el trabajo de primera línea y evitar que un tratamiento termine, por inercia, en decomiso, interrogatorio o denuncia.
El protocolo es directo y se une a otras publicaciones que buscan sintetizar información sobre el cannabis. Ante alguien que declara portar cannabis medicinal, el agente debe pedir el envase original y revisar la etiqueta de dispensación, donde figuran datos del medicamento y del paciente. La guía añade que puede existir carta del prescriptor o copia de receta, pero enfatiza que no hay obligación legal de llevar esos papeles. Si falta envase o documentación, recomienda consultar con el prescriptor o la clínica antes de escalar el caso.
Otra aclaración apunta que “no licenciado” no significa “ilegal”. El documento recuerda que muchas prescripciones son privadas y de productos sin autorización de mercado para una indicación concreta, una práctica aceptada cuando un especialista la considera adecuada. Para la policía, la legalidad se juega en la prescripción, no en el rótulo.
Fuente: canamo.net