Un estudio de la Université de Montréal, con datos de 731 adultos de Quebec recogidos en 2022–2023, concluye que la mayor parte de quienes consumieron cannabis no muestra un patrón asociado a trastorno por consumo y sugiere –también– un giro de enfoque que busca reconocer los patrones de bajo riesgo y así orientar la prevención y reducción de daños sin confundir todo consumo con un caso problemático.
En Canadá, donde el acceso legal para adultos rige desde el 17 de octubre de 2018, el debate público suele alternar entre el entusiasmo del mercado y el alarmismo sanitario. En ese péndulo se pierde una obviedad estadística que indica que la mayoría de consumidores no se ajusta al estereotipo del “usuario dependiente”. El equipo de la Université de Montréal, encabezado por Marie‑Pierre Sylvestre, propone describir qué caracteriza a quienes se mantienen en un carril de menor riesgo, para orientar mejor la prevención.
El trabajo, publicado en el Journal of Cannabis Research, analizó una cohorte seguida desde la adolescencia (Nicotine Dependence in Teens). En la medición 2022–2023, el 44% reportó consumo en el último año. Dentro de ese grupo, el 37% fue clasificado como de mayor riesgo y el 63% como de bajo riesgo mediante el Cannabis Abuse Screening Test (CAST). Según el autor principal, Guillaume Dubé, el grupo de bajo riesgo “se parece más” a quienes no consumen que a quienes concentran señales de posible trastorno.
Fuente: canamo.net