Un total de 24 estados, además de Washington DC, permiten el consumo recreativo para adultos —los mayores de 21 años pueden comprar y consumir cannabis en establecimientos autorizados, con límites de posesión y cultivo doméstico—. Este es el caso de California, Nueva York o Illinois, entre muchos otros.
Pero la realidad es compleja y diversa. Otros optan por una ilegalización estricta —los hay cuyas restricciones son tan severas que, a efectos prácticos, pueden enmarcarse también en este grupo—, como Idaho, Wyaoming o Kansas. Como tercera línea, hay otros tantos estados que optan por un modelo intermedio que permite el cannabis medicinal bajo receta (Utah, Oklahoma, Arkansas, etc.).
Hay otra rama más que termina de reflejar la homogeneidad del país: una decena de estados mantiene ilegal el consumo, pero permiten derivados como el CBD con bajo contenido en THC, generalmente con fines terapéuticos. Así sucede en lugares como Texas, Georgia o Indiana. De una manera o de otra, el mapa quedaría de la siguiente forma:
Si uno profundiza más encuentra escenarios como el de Virginia, donde el consumo recreativo y el autocultivo son legales, pero no existe mercado comercial operativo; o el sur, donde la despenalización parcial convive con prohibiciones generales y amplias. Puede imaginar el lector que esta diversidad cobra especial protagonismo en un evento como el Mundial, donde las sedes se reparten por todo el país. Es decir, que la experiencia legal varía tremendamente de un partido a otro.
Fuente: as.com