El consumo habitual de cannabis y tabaco, ya sea por separado o de forma combinada, está vinculado a una reducción del volumen cerebral en regiones clave, según un metaanálisis de más de 100 estudios publicado en la revista Addiction.
La evidencia científica revela que ambas sustancias pueden afectar la estructura del cerebro, impactando áreas responsables de la regulación emocional, la cognición y la motivación.
El análisis, que incluyó datos de más de 72.000 personas y abarcó 103 estudios revisados, demostró que los consumidores de cannabis presentan una amígdala más pequeña.
Mientras que quienes fuman tabaco muestran reducciones adicionales en la ínsula, el globo pálido y la materia gris total, según los hallazgos reportados por los investigadores.
Los cambios observados en la estructura cerebral se intensifican con el paso de los años, lo que sugiere efectos duraderos sobre la salud mental y el rendimiento cognitivo.
El estudio identificó que el consumo regular de cannabis se asocia principalmente con una reducción en el volumen de la amígdala, una estructura cerebral situada en lo profundo del cerebro vinculada a la regulación de emociones y la respuesta de lucha o huida. Por su parte, el tabaco afecta no solo la amígdala, sino también la ínsula —clave en la autoconciencia y la gestión emocional— y el globo pálido, que interviene en el control del movimiento y la motivación.