Un reporte clínico en Frontiers in Psychiatry (2025) siguió durante cinco y seis años a dos varones con síndrome de Tourette tratados en Hannover (Alemania) con preparados ricos en THC desde la niñez. Los autores describen mejoras sostenidas en tics y síntomas asociados, sin eventos graves reportados.
Tourette suele surgir en la infancia y puede causar ansiedad, trastornos del sueño u obsesiones, además de un profundo impacto en el ámbito escolar. Por eso y cuando las terapias conductuales y los fármacos no alcanzan, algunas familias han buscado alternativas en el cannabis medicinal. Sin embargo, el uso de THC en menores plantea preguntas sobre seguridad neurocognitiva y salud mental.
El equipo de la Hannover Medical School reconstruyó dos historias clínicas longitudinales con monitoreo psiquiátrico y pruebas cognitivas. En el primer caso, el tratamiento comenzó a los 8 años con THC y continuó con un extracto oral dominado por THC, con dosis diarias que oscilaban entre los 12,5–15 mg diarios. En el segundo, el paciente inició a los 12 años con flores medicinales vaporizadas (24% THC), en dosis variables (0,2 g una a tres veces al día; estimado 48–144 mg diarios) ajustadas a la severidad de los tics.
En ambos seguimientos se reporta reducción persistente de tics, mejoría de comorbilidades y de la calidad de vida, junto con ausencia de deterioro neurocognitivo y rendimiento escolar “excelente”. La propia naturaleza del reporte, sin embargo, impone límites: dos casos no permiten estimar riesgos poco frecuentes ni comparar contra placebo, y menos aún definir un estándar pediátrico.