La planta “Cannabis sativa” tiene especímenes masculinos y femeninos. En los femeninos se forman unos cogollos, que es lo que se denomina coloquialmente marihuana. En estos cogollos se produce una resina que contiene unos compuestos llamados cannabinoides.
Tales sustancias actúan en nuestro organismo de una manera similar a los endocannabinoides, producidos de manera natural por nuestro cuerpo. De hecho, los endocannabinoides o cannabinoides endógenos son una parte esencial de nuestro sistema endocannabinoide, encargado de regular procesos como el sueño, el estado de ánimo, el apetito, la memoria o el dolor, entre otros.
El “Cannabis sativa” posee decenas de cannabinoides pero los más estudiados son el D9-tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD). La principal diferencia entre ellos es que el THC es psicoactivo y el CBD no. Además, el CBD puede atenuar en parte los efectos psicoactivos del THC.
“Tanto los cannabinoides endógenos como los del `Cannabis sativa´ actúan mediante su unión a idénticos receptores específicos localizados en la superficie celular. Son los denominados receptores cannabinoides, de los cuales se conocen dos tipos diferentes: CB1 y CB2. Los efectos de los cannabinoides sobre el sistema nervioso central están mayoritariamente mediados por el ubicuo receptor CB1”, explica Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid.