En septiembre de 2020, en una pequeña consulta médica de dos ambientes en Fráncfort, Alemania, una startup de telemedicina dio su primer paso.
La empresa, Bloomwell, atendió a su primer paciente con un objetivo puntual: conseguir una receta de cannabis. El contexto era complejo. La sustancia todavía estaba clasificada como narcótico y el acceso implicaba un proceso lento, burocrático y lleno de restricciones.
A pesar de ese escenario, el proyecto avanzó. Lo que empezó como una simple página web, con dudas y escepticismo, terminó en pocos años en una compañía con ingresos millonarios y presencia fuerte en el mercado alemán. El crecimiento no fue gradual: la demanda apareció desde el primer día.
De recetas en papel a un sistema completamente digital
En los primeros meses, el funcionamiento de Bloomwell resultaba artesanal. Las recetas de cannabis debían escribirse a mano, en papel, y entregarse físicamente en una farmacia. El producto, por su condición legal, se almacenaba en cajas de seguridad. La logística también era compleja.
La empresa contaba con unos 25 mensajeros que retiraban las recetas y las llevaban a farmacias. Luego, el cannabis se enviaba al paciente mediante un servicio de mensajería seguro. El proceso completo podía demorar hasta una semana.
Julian Wichmann, cofundador y médico radiólogo, recordó ese inicio en una entrevista con la revista Forbes: “En aquel entonces, cuando lanzamos la plataforma, era solo una página web y la gente no creía que fuera real”. Sin embargo, el interés de los pacientes se hizo evidente de inmediato. “En cuanto lanzamos el servicio, tuvimos pacientes. Nos vimos desbordados en las primeras cuatro semanas”.
Fuente: tageblatt.com.ar